El movimiento industrial fue mas revolucionario que el movimiento punk. Desde sus exposición en vivo hasta sus instrumentos los cuales eran construidos con desechos de fábricas paradas (desechos del capitalismo). Incluso muchos de estos grupos creaban los temas en vivo improvisando ya que consideraban que hacer temas para grabar era un acto del capitalismo para vender discos.
Una Crónica del Ruido como Subversión
El punk fue el estallido en la cara de la cultura pop, un puñetazo de tres acordes y botas militares que gritaba su rechazo al establishment con furia adolescente. Pero detrás de ese caos mediático, en las fábricas abandonadas de Sheffield, los suburbios de Berlín y los almacenes desolados de Londres, un movimiento más oscuro y filosóficamente profundo venía gestándose, el industrial. No era solo música; era un ataque sistémico al capitalismo, la moral burguesa y la propia idea de arte. Bandas como Throbbing Gristle, Cabaret Voltaire, SPK, Einstürzende Neubauten y Test Dept. no querían reformar el sistema buscaban desmantelarlo desde sus entrañas, usando sus propios desechos como armas poéticas.
Los Cimientos de la Fábrica en Decadencia
El industrial nació en un contexto de colapso. A mediados de los 70, Inglaterra sufría las secuelas de la crisis del petróleo, huelgas masivas y el declive de su industria pesada. Ciudades como Sheffield, cuna de Cabaret Voltaire, eran paisajes postapocalípticos de chimeneas apagadas y talleres vacíos. En ese entorno, los pioneros del género no vieron ruinas, vieron instrumentos.
Throbbing Gristle, formado por exmiembros del colectivo artístico COUM Transmissions, convirtió su estudio en una "fábrica de muerte" (Death Factory), donde sintetizadores construidos con chatarra emitían frecuencias que simulaban el zumbido de máquinas envejecidas. Su música no era entretenimiento; era un documental sonoro de la descomposición social. En "Hamburger Lady", una espeluznante narración sobre una víctima de quemaduras, el sonido no acompañaba la historia, era la historia. La textura del ruido —gritos distorsionados, loops de cintas desgastadas— evocaba el dolor físico más que cualquier letra explícita.
Mientras el punk repetía consignas como "Anarchy in the UK", Cabaret Voltaire sampleaba noticieros y discursos políticos, creando collages que exponían la manipulación mediática. En "Do the Mussolini (Headkick)", mezclaban marchas fascistas con beats rotos, sugiriendo que el espectáculo político y la música pop eran dos caras de la misma moneda alienante. Su ética era clara: no grabar, sino documentar. Muchos de sus "conciertos" eran sesiones improvisadas en galerías de arte, donde el público era sometido a luces estroboscópicas y sonidos que bordearan el dolor auditivo.
Música Industrial para Gente Industrial
Monte Cazazza es una figura clave en la historia de la contracultura sonora. Artista multidisciplinario, inventor del eslogan "música industrial para gente industrial" y pionero del género industrial, su trabajo se caracteriza por la provocación, el ruido y una actitud antiartística que desafió los límites del arte y la música.
Nacido en California en 1955, Cazazza emergió en la escena artística underground de San Francisco en los años 70. Su enfoque era caótico, combinando performance, escultura sonora y acciones extremas. En 1975, acuñó la frase "Industrial Music for Industrial People", que luego sería adoptada por el sello británico Industrial Records, fundado por Throbbing Gristle, para definir un nuevo movimiento musical.
Aunque su producción discográfica es escasa, sus colaboraciones con artistas como Factrix y su participación en compilados de música industrial lo consolidaron como una influencia clave. Sus piezas sonoras mezclaban grabaciones de campo, distorsión, spoken word y sonidos mecánicos, creando atmósferas perturbadoras.
Cazazza no solo hacía música; su arte era una experiencia violenta y conceptual. Una de sus performances más famosas, "Suicide in Progress", consistía en amenazar con suicidarse en vivo frente al público. En otra ocasión, se dice que esparció cenizas humanas reales sobre una multitud.
También trabajó en cine underground, colaborando con el director Nick Bougas en películas experimentales. Su cortometraje "The Worst of Monte Cazazza" (1981) es un compendio de imágenes grotescas y surrealistas que reflejan su estética transgresora.
SPK y la Medicina como Distopía
Si TG y Cabaret Voltaire eran teóricos, SPK el acrónimo de "Systema Kinder der Pandora", luego reinterpretado como "Socialist Patients' Kollective" eran los terroristas sonoros del movimiento. Inspirados por el libro "The Society of the Spectacle" de Guy Debord, su música era sabotaje acústico. En "Information Overload Unit", usaban grabaciones de cirugías, máquinas de hospital y frecuencias ultrasónicas para crear una atmósfera claustrofóbica. Su álbum "Leichenschrei" (1982) sonaba como el soundtrack de un manicomio abandonado, con percusiones metálicas que imitaban golpes de bisturí.
Pero su radicalismo iba más allá, SPK consideraba que la psiquiatría y la medicina eran herramientas de control capitalista. En sus performances, quemaban batas de hospital y proyectaban imágenes de lobotomías, anticipando lo que luego sería el "death industrial" de Whitehouse y Nurse With Wound. Su manifiesto declaraba: "La música debe ser como un virus, infectando el sistema nervioso del oyente".
Einstürzende Neubauten y La Arquitectura del Ruido
En Alemania Occidental, Einstürzende Neubauten ("Nuevos Edificios Colapsando") llevó la premisa industrial a su extremo lógico, si el capitalismo se sostenía sobre estructuras físicas (fábricas, oficinas, medios), entonces había que destruirlas simbólicamente. Su instrumentario incluía taladros, láminas de metal y escombros de construcciones. En "Halber Mensch", Blixa Bargaret cantaba sobre la deshumanización mientras martillaba vigas de acero, creando un ritmo que sonaba a cadena de montaje suicida.
Su obra maestra, "Kollaps" (1981), era un álbum grabado casi íntegramente con objetos encontrados en edificios demolidos. El tema "Tanz Debil" empezaba con el sonido de un ventilador industrial antes de sumergirse en un caos de voces distorsionadas y golpes de tubería. Neubauten no solo criticaba el sistema, usaba sus escombros como instrumentos de resistencia.
Test Dept. El Ritmo de la Huelga
Mientras en Berlín Neubauten demolía simbólicamente el sistema, en el Reino Unido Test Dept. convertía la protesta obrera en música. Formados por exestudiantes de arte y trabajadores fabriles, su sonido era una coreografía de metal. Usaban tambores de aceite, cadenas y motores en desuso para crear ritmos que evocaban marchas sindicales. Su álbum "The Unacceptable Face of Freedom" (1986) incluía grabaciones de mineros en huelga, fusionando el sampling político con percusión industrial.
Su colaboración con el Coro de Mineros de South Wales en "Shoulder to Shoulder" fue un acto de solidaridad con los trabajadores durante la huelga contra Thatcher. Test Dept. no solo hacía música sobre la lucha de clases, era parte de ella.
El Legado de un Movimiento Inquebrantable
El punk murió cuando fue absorbido por la moda; el industrial nunca pudo ser cooptado. Su rechazo a la grabación comercial, su uso de materiales descartados por el sistema y su fusión entre arte y activismo lo convirtieron en un virus imposible de erradicar. Hoy, su influencia se respira en el techno de Detroit inspirado en los beats hipnóticos de Cabaret Voltaire, en el noise japonés heredero del terrorismo sonoro de SPK y hasta en el glitch de artistas como Pan Sonic. Hasta en países como España con Esplendor Geométrico y en Argentina con Quum a principios de los 80s eran un reflejo de experimentación sonora y desolación urbana.
Pero más que un género, el industrial fue una advertencia, el capitalismo no se derroca con consignas, sino usando sus propias ruinas como armas. Como dijo Genesis P-Orridge: "No queríamos ser estrellas de rock. Queríamos ser cirujanos de la mente". Y en esa operación clandestina, su escalpelo fue el ruido.

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