El Ser en la Encrucijada

 

¿Qué es el Ser? ¿Es acaso un sujeto autónomo, una sustancia indivisible, o más bien una red de relaciones, instintos y percepciones que configuran lo que llamamos "persona"? La discusión se intensifica cuando consideramos el ego como límite entre lo propio y lo ajeno, tal como lo entendía Fichte, y lo contrastamos con la noción heideggeriana del Dasein, el Ser-ahí que se constituye en su relación con el mundo. La naturaleza del Ser, cuestionando si existe un "alguien" detrás de la experiencia o si, por el contrario, somos el resultado de fuerzas impersonales. 


El Ego como Límite


Johann Gottlieb Fichte, en su Doctrina de la Ciencia, propone que el yo es el principio absoluto que se autopone y, al hacerlo, establece un no-yo. Este acto de autoposición no es estático, sino dinámico, el yo se define en oposición a lo que no es él. Así, el ego opera como frontera/filtro entre lo interno y lo externo, entre la subjetividad y el mundo.

Sin embargo, esta concepción plantea un problema, si el yo solo existe en relación con su negación (el no-yo), ¿hay realmente un "sujeto" sustancial detrás, o es el yo mismo una construcción relacional? Fichte insiste en la autonomía del yo como actividad pura (Tathandlung), pero esta autonomía parece depender de su oposición al no-yo. ¿Podríamos decir, entonces, que el Ser es ante todo una relación y no una sustancia?


¿Sujeto o Red de Instintos y Percepciones?


La modernidad, especialmente a partir de Nietzsche y Freud, ha cuestionado la idea de un sujeto unitario y racional. Nietzsche habla de la voluntad de poder como fuerza impulsora, no de un "yo" estable, mientras que Freud descompone la psique en instintos (Ello), mediaciones (Yo) y normas internalizadas (Superyó). Desde esta perspectiva, el "Ser" sería una ilusión generada por la interacción de fuerzas inconscientes y presiones sociales.

En el siglo XX, pensadores como Deleuze y Guattari radicalizan esta idea, el sujeto es un "agenciamiento" de deseos, flujos y conexiones impersonales. No hay un "alguien" detrás, sino un juego de intensidades. Esta visión desestabiliza nociones tradicionales de identidad y responsabilidad, llevando a preguntar, si el Ser es una ficción útil, ¿cómo fundamentamos la ética o la política?


El Ser como Relación con el Mundo


Martin Heidegger, en Ser y Tiempo, desplaza la pregunta por el Ser hacia su modo de manifestarse, el Dasein (Ser-ahí). A diferencia de Fichte, Heidegger no parte de un sujeto autónomo, sino de un Ser que ya está arrojado al mundo, en una trama de significados y preocupaciones. El Dasein no "tiene" relaciones; es esas relaciones.

Para Heidegger, el Ser se revela en la cotidianidad como el "uno" impersonal, en la angustia que desvela la nada y en la temporalidad como ser-para-la-muerte. Así, el Ser no es una sustancia, sino un acontecer. Esta visión resuena con el budismo con la noción de anatta, "no-yo" y con corrientes contemporáneas como el enactivismo, que ve la mente como un proceso encarnado y situado.


Implicaciones para las Teorías Subjetivas y el Trabajo


Si el Ser es relacional, ¿qué implica para la subjetividad? Las teorías clásicas como el cartesianismo o el idealismo trascendental kantiano presuponen un sujeto estable como fundamento del conocimiento. Pero si el Ser es fluido, ¿cómo garantizar la objetividad? Aquí, el pragmatismo ofrece una salida, la verdad emerge de prácticas compartidas, no de un sujeto aislado.

En cuanto al trabajo, tradicionalmente visto como externalización del yo por Hegel o alienación por Marx, una ontología relacional lo reinterpreta como un modo de co-constitución del Ser. El trabajo no es lo que hacemos, sino lo que nos hace. En la era digital las identidades son performativas segun Goffman y dispersas según Turkle, esta perspectiva adquiere urgencia ¿somos acaso avatares de algoritmos, o aún hay un "quién" detrás de la pantalla?


El Ser como Pregunta Abierta


El Ser no se deja aprehender como sustancia ni como mera ilusión. Es tensión entre autonomía y dependencia, entre identidad y diferencia. Fichte tenía razón al ver el ego como límite, pero ese límite es poroso. Heidegger acertó al situar el Ser en el mundo, pero quizá subestimó su dimensión conflictiva. Frente a la inteligencia artificial y la crisis ecológica, la pregunta por el Ser es también una pregunta política ¿qué queremos ser juntos? En última instancia, el Ser no es algo que se posee, sino algo que se hace—y se deshace—en cada encuentro.


De la Autonomía a la Intersubjetividad


Las teorías clásicas de la subjetividad, desde Descartes hasta Kant, parten de un yo autónomo, racional y autotransparente. Sin embargo, si aceptamos que el Ser es fundamentalmente relacional—como sugieren Heidegger, el enactivismo contemporáneo y las críticas posestructuralistas—, esta noción de sujeto se desmorona.

 Foucault y Derrida demostraron que el "yo" no es un fundamento, sino un efecto de discursos y prácticas de poder. Para Foucault, el sujeto es "constituido" por instituciones como la prisión, la escuela, la medicina mientras que Derrida desmonta la ilusión de una conciencia presente-a-sí.

Hegel ya había señalado en la Fenomenología del Espíritu que la autoconciencia solo existe en el reconocimiento del otro. Honneth y Habermas retoman esta idea:,el Ser se define en diálogo, no en solipsismo.

Si no hay un sujeto puro, ¿cómo evitar el relativismo? Aquí, la hermenéutica de Gadamer y el pragmatismo de Rorty proponen que la verdad surge de consensos intersubjetivos, no de correspondencias con una realidad externa.

Por ej las redes sociales, la identidad ya no es una esencia, sino una performance que se negocia en interacciones. ¿Quién soy yo en Twitter? Depende de cómo me lean los demás.


El Trabajo como Práctica Ontológica


Marx definió el trabajo como la esencia del ser humano, pero también como el espacio de su alienación bajo el capitalismo. Desde una ontología relacional, el trabajo adquiere nuevas dimensiones, Heidegger analiza el trabajo en Ser y Tiempo bajo el concepto de preocupación. El martillo no es un objeto "en sí", sino una herramienta que cobra sentido en su uso. Así, el trabajo no es mera producción, sino un modo de habitar el mundo. La automatización y la burocracia convierten el trabajo en un proceso abstracto, ocultando su dimensión ontológica. ¿Podemos recuperar el sentido del trabajo en la era de la economía de medio tiempo?

En Fragmentos sobre el hombre, Günther Anders advirtió que la tecnología nos convierte en "seres obsoletos". Hoy, con la IA y la robotización, el trabajo humano parece prescindible. Si el trabajo ya no define al Ser como piensa Marx ¿qué lo reemplaza? Byung-Chul Han propone el cansancio y el consumo como nuevas formas de subjetividad. El caso de los influencers su "trabajo" es pura relación como likes y algoritmos ¿Son la culminación del Ser relacional o su caricatura?

En La sociedad del cansancio, Han critica la autoexplotación neoliberal. Frente a esto, teóricos como Hardt y Negri en Imperio proponen el trabajo inmaterial como base para nuevas formas de comunidad. Ejemplos como la Wikipedia o las finanzas éticas muestran que el trabajo puede ser un espacio de construcción colectiva del Ser.


Políticas del Ser en el Siglo XXI


Si el Ser es relacional, las instituciones deben replantearse en lugar de formar "individuos autónomos", habría que enseñar a habitar redes y la pedagogía crítica. 

Si el trabajo es ontológico, su precarización es una herida al Ser. ¿Cómo legislar para trabajos no tradicionales como teletrabajo o plataformas digitales? La IA desafía la noción de "autoría" y "agencia"¿Puede un algoritmo ser parte de la trama del Ser?


El Ser como Proyecto Ético y Político


El Ser no es un dato, sino una tarea. Desde Fichte hasta el big data, la pregunta sigue siendo ¿cómo queremos constituirnos en relación con los otros y el mundo? En una era de crisis ecológica y fragmentación social, la ontología relacional no es solo un ejercicio filosófico, sino un llamado a repensar la convivencia y a redescubrir la autenticidad frente a Uno acostumbrado. 

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